Durante la entrevista analizamos cómo la trama de la serie —centrada en un caso de violencia con fuerte impacto social— dialoga con nuestro régimen penal juvenil, tanto desde el punto de vista normativo como simbólico. Hablamos también sobre los discursos de odio que circulan en entornos digitales, los códigos compartidos en subculturas radicalizadas como la de los incels, y cómo esas expresiones pueden tener consecuencias jurídicas y sociales concretas.
El intercambio permitió repensar los límites entre libertad de expresión, violencia digital y responsabilidad penal, en un contexto cada vez más atravesado por fenómenos transnacionales y lógicas de amplificación propias de las redes sociales. Además, coincidimos en la necesitad de replantear un sistema penal para menores de edad diagramado en la época de la dictadura cívico-militar, que además no les da respuesta a las víctimas de delitos graves.
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